¿Extensiones de bloqueadores de anuncios que venden tus datos? Sí, existen
Las personas instalan bloqueadores de anuncios para escapar de la publicidad y los rastreadores. Por eso, descubrir que algunas extensiones de bloqueo de anuncios se reservan abiertamente el derecho de recopilar y vender los datos de navegación de los usuarios —potencialmente incluso a los mismos anunciantes de los que afirman “proteger” a sus usuarios— parece casi una sátira. Pero, según una nueva investigación de la empresa de ciberseguridad LayerX Security, eso es exactamente lo que podría estar ocurriendo.
Los investigadores de LayerX analizaron las políticas de privacidad de 6.666 extensiones. Utilizando una combinación de clasificación mediante IA y revisión manual, identificaron al menos 82 extensiones cuyas políticas permiten explícitamente que los datos de los usuarios sean vendidos, compartidos, licenciados o transferidos comercialmente a terceros. De ellas, 75 seguían disponibles en Chrome Web Store cuando se publicó la investigación, en abril de 2026.
Muchas extensiones revelan que pueden vender o “compartir” los datos de los usuarios utilizando un lenguaje ambiguo, oculto en sus políticas de privacidad. Algunos ejemplos incluyen:
“Podemos vender o compartir su información personal con terceros.”
“Esta información puede ser vendida o compartida con socios comerciales.”
Esa pequeña palabra —“podemos”— tiene mucho peso.
Algunas extensiones afirman abiertamente que recopilan actividad de navegación, perfiles de comportamiento, historial de streaming, información demográfica e intereses inferidos con fines de “análisis”, “marketing” o “fines comerciales”.
Otras siguen un camino diferente. Según los investigadores, la mayoría de las extensiones de Chrome Web Store ni siquiera publican una política de privacidad, lo que podría ser una señal de alerta aún mayor. Según un informe anterior de LayerX, alrededor del 71 % de las extensiones de Chrome no publican ninguna política de privacidad. De acuerdo con las normas de Chrome Web Store, las extensiones que manejan datos de usuarios están obligadas a publicar este documento. Aunque algunas de ellas realmente podrían no procesar datos personales, lo más probable es que la mayoría sí lo haga, ya que muchas categorías populares de extensiones dependen, por naturaleza, del acceso a la actividad de navegación o al contenido de las páginas para funcionar.
Si un desarrollador de extensiones ni siquiera se tomó la molestia de publicar una política de privacidad, a pesar de las exigencias de Chrome Web Store, hay pocos motivos para creer que será cuidadoso o transparente al gestionar tu información. En la práctica, estas extensiones tienen muchas más probabilidades de recopilar, compartir o monetizar los datos de los usuarios que aquellas que lo admiten abiertamente.
Todo esto puede parecer abstracto hasta que recuerdas lo valiosos que se han vuelto los datos de comportamiento. Ya hemos mostrado cómo conjuntos de datos comerciales aparentemente inofensivos alimentan cada vez más industrias de vigilancia y sistemas de perfilado, e incluso investigaciones policiales a través de intermediarios de datos y empresas especializadas en inteligencia de localización. Lo que comienza como simples “análisis” puede terminar formando parte de enormes bases de datos de comportamiento, muy alejadas del propósito original para el que los usuarios creían estar proporcionando su información.
Extensiones de bloqueo de anuncios que “venden” tus datos
Entre los hallazgos más irónicos del informe se encuentran los propios bloqueadores de anuncios. Los investigadores identificaron varias extensiones de este tipo cuyas políticas de privacidad permiten explícitamente la recopilación de datos de los usuarios y el intercambio de esa información con terceros. En conjunto, estas extensiones alcanzan a más de 5,5 millones de usuarios.
Algunos ejemplos destacados en el informe incluyen:
- Stands AdBlocker (3 millones de usuarios)
- Poper Blocker (2 millones de usuarios)
- All Block — ad blocker for YouTube (500.000 usuarios)
- TwiBlocker (80.000 usuarios)
- Urban AdBlocker (10.000 usuarios)
Según LayerX, algunas de estas extensiones indican que recopilan actividad de navegación, perfiles de comportamiento, datos sobre la interacción con anuncios e incluso intereses potencialmente sensibles inferidos a partir de las URL visitadas.
Cabe destacar que estas no son herramientas conocidas por su enfoque en la privacidad, como AdGuard, uBlock Origin o Ghostery. Aun así, cuentan con audiencias de millones de usuarios. Y esto probablemente sea solo la punta del iceberg. De hecho, el problema está lejos de ser nuevo. Hace más de cinco años identificamos decenas de bloqueadores de anuncios falsos que acumularon millones de instalaciones mientras llevaban a cabo prácticas engañosas, desde la recopilación de datos de los usuarios hasta la inserción de anuncios y scripts de rastreo en páginas web.
Por eso, la transparencia debería ser uno de los primeros criterios que los usuarios evalúen antes de instalar cualquier extensión de navegador. La extensión de navegador de AdGuard puede servir como ejemplo de lo que los usuarios deberían buscar. En la ficha de AdGuard AdBlocker en Chrome Web Store se indica claramente si se recopilan, comparten o venden datos de los usuarios, además de incluir información adicional sobre cómo se gestionan dichos datos. Y para quienes deseen profundizar más, la Política de Privacidad completa de AdGuard está disponible públicamente y enlazada directamente desde la propia ficha de la extensión.

Netflix, extensiones de streaming y la economía de datos detrás del entretenimiento
El informe también reveló una red de extensiones de navegador relacionadas con el streaming que operan en plataformas como Netflix, Hulu, Disney+, Prime Video, HBO Max, Apple TV+ y otras. Todas ellas estaban vinculadas a una única red de desarrolladores que opera bajo la marca “dogooodapp” y está registrada a través de HideApp LLC, en el estado de Wyoming, Estados Unidos.
Entre las extensiones más grandes identificadas se encontraban:
- Custom Profile Picture for Netflix (200.000 usuarios)
- Hulu Ad Skipper (100.000 usuarios)
- Netflix Picture in Picture (100.000 usuarios)
- Ad Skipper for Prime Video (60.000 usuarios)
- Netflix Extended (60.000 usuarios)
Según los investigadores, las políticas de privacidad asociadas a estas extensiones indican la recopilación de historial de visualización, preferencias de contenido, comportamiento de streaming, información de suscripción, datos demográficos y patrones de interacción. Posteriormente, estos datos pueden compartirse o venderse a anunciantes, empresas de análisis de datos y compañías de investigación de medios.
Y ahí es donde la ironía se vuelve difícil de ignorar. Muchas de estas extensiones existen alrededor de plataformas que también se están transformando rápidamente en ecosistemas publicitarios. Netflix ha ampliado agresivamente sus planes con anuncios, al mismo tiempo que encarece sus planes premium sin publicidad. Amazon Prime Video comenzó a mostrar anuncios automáticamente a los usuarios que no desean pagar para eliminarlos. En toda la industria, las plataformas de streaming apuestan cada vez más por el crecimiento de la publicidad y la elaboración de perfiles de comportamiento, en lugar de depender únicamente de las suscripciones.
Y luego están las pantallas donde se consume todo ese entretenimiento: los televisores inteligentes, donde actualmente ocurre la mayor parte del consumo de streaming, y que ya se han consolidado como algunos de los actores más agresivos de la economía basada en la recopilación de datos y la segmentación publicitaria. Como escribimos recientemente en el blog al abordar el tema de los televisores inteligentes que muestran anuncios sobre entradas HDMI e incluso durante partidas de videojuegos, los fabricantes de televisores ya no se limitan a monetizar aplicaciones y pantallas de inicio: están avanzando gradualmente hacia la monetización de la propia experiencia de visualización.
En la práctica, estas extensiones se aprovechan exactamente del mismo ecosistema: recopilan datos sobre lo que las personas ven, hacen clic, omiten y con lo que interactúan, porque esa información se ha vuelto mucho más valiosa para los anunciantes y las empresas de análisis que el propio hardware o las suscripciones.
Por qué esto importa
Puede resultar tentador considerar el rastreo realizado por extensiones de navegador como algo inofensivo en comparación con el malware o el robo directo de credenciales, como contraseñas y PIN. El problema es que la recopilación moderna de datos es solo una pieza de un rompecabezas mucho más amplio de vigilancia digital.
Los datos recopilados mediante análisis aparentemente inocentes pueden tener consecuencias reales. Pueden dar lugar a primas de seguros más altas, facilitar que las empresas cobren precios diferentes a distintas personas por el mismo producto y exponer a los usuarios a anuncios y estafas cada vez más agresivos y personalizados según sus intereses.
Las extensiones de navegador quizá no conozcan tu ubicación física exacta de la misma manera que las aplicaciones móviles, pero aun así pueden recopilar enormes cantidades de datos de comportamiento. Esto incluye historial de navegación, consultas de búsqueda, actividades de compra, hábitos de streaming, enlaces en los que haces clic, pestañas abiertas, intereses inferidos a partir de los sitios web visitados y, en algunos casos, incluso el contenido de las páginas con las que interactúas.
Por separado, estos conjuntos de datos pueden parecer relativamente triviales. Pero, cuando se enriquecen con información procedente de anunciantes, intermediarios de datos y registros públicos, pueden volverse sorprendentemente reveladores, exponiendo la situación financiera, inclinaciones políticas, preocupaciones de salud y mucho más.
Recientemente escribimos sobre cómo los ecosistemas comerciales de localización y publicidad están facilitando cada vez más este tipo de perfilado y vigilancia a gran escala, y sobre cómo la industria moderna de la tecnología publicitaria funciona, en la práctica, como un sistema de transmisión de datos en tiempo real, en el que la información de los usuarios se comparte, comercializa y analiza constantemente entre bastidores.
Y, a diferencia de una contraseña comprometida, los perfiles de comportamiento no pueden simplemente cambiarse una vez que quedan expuestos.
Qué hacer antes de instalar extensiones de navegador
Ninguna extensión es automáticamente confiable solo por estar disponible en una tienda oficial de navegadores. Además, las extensiones suelen solicitar permisos extremadamente amplios, incluida la capacidad de leer y modificar datos en todas las páginas que visitas.
Esto no significa automáticamente que una extensión esté a punto de robar tus datos. Algunas categorías realmente necesitan ese nivel de acceso para funcionar. Los bloqueadores de anuncios, por ejemplo, requieren permiso para leer y modificar el contenido de las páginas con el fin de eliminar anuncios, bloquear rastreadores y filtrar scripts maliciosos antes de que se carguen.
Antes de instalar una extensión, vale la pena seguir una breve lista de verificación:
Lee la política de privacidad en busca de señales de alerta, especialmente expresiones como:
- “puede compartir”
- “socios comerciales”
- “fines analíticos”
- “fines comerciales”
- “afiliados y terceros”
Desconfía de las extensiones que no tienen política de privacidad
Verifica quién desarrolló la extensión
Observa el número de instalaciones, pero recuerda que puede estar inflado artificialmente
Lee las reseñas de forma crítica: las reseñas falsas son comunes, y una gran cantidad de comentarios positivos muy similares debe considerarse una señal de alerta
Evita instalar extensiones innecesarias
Siempre que sea posible, opta por herramientas de privacidad de código abierto y bien establecidas
Curiosamente, el informe también destacó algunas extensiones que compensan explícitamente a los usuarios por compartir voluntariamente sus datos. Al menos en esos casos, la relación es transparente: los usuarios saben que están intercambiando datos por dinero.
El problema mayor es el ecosistema mucho más amplio que recopila y monetiza silenciosamente el comportamiento de los usuarios detrás de términos legales vagos que casi nadie lee. Al final del día, un bloqueador de anuncios que obtiene beneficios vendiendo datos de navegación de vuelta al ecosistema publicitario no está realmente combatiendo los anuncios. Simplemente está alimentando otra parte del mismo sistema.








